“El mundo exterior es un reflejo del mundo interior”. Esta es una frase que seguramente habrás escuchado cientos de veces. La ciencia y la psicología apoyan la idea de que el observador es creador de la realidad. ¿Esto cómo se produce? Muy sencillo: las interpretaciones subjetivas que hacemos sobre lo que ocurre y las decisiones que tomamos al respecto (mundo interior) tienen un impacto en nuestra manera de ver la realidad (mundo exterior). Descubrimos que no hay una realidad objetiva ahí fuera, sino que esta está filtrada por nuestras “gafas de ver la vida” y se acaba convirtiendo en un reflejo interno de nuestras propias proyecciones.

Hay un bonito cuento de sabiduría ancestral que dice lo siguiente:

EN LA CIUDAD DE BABILONIA VIVÍA UN RICO MERCADER, AFRASIAB, QUE POSEÍA TAL HABILIDAD EN EL ARTE DE LAS TRANSACCIONES QUE CONSEGUÍA DE LOS DEMÁS AQUELLO QUE, EN CADA MOMENTO, MÁS LE INTERESABA. SIN EMBARGO, JUNTO AL ÉXITO Y LA PROSPERIDAD QUE ACOMPAÑABAN SU VIDA, TENÍA UNA GRAN PREOCUPACIÓN QUE DESDE HACÍA VARIOS AÑOS TORTURABA SU ALMA. EL MERCADER TENÍA LA SOSPECHA DE QUE LOS QUE PARA ÉL TRABAJABAN NO ERAN DE FIAR; SENTÍA QUE LE ROBABAN CANTIDADES Y SERVICIOS QUE, SIN RESULTAR DE EXTREMA GRAVEDAD, DESPERTABAN EN ÉL SENTIMIENTOS DE TRAICIÓN QUE NO PODÍA SOPORTAR.
 
AFRASIAB VIVÍA TRATANDO CONSTANTEMENTE DE CONTROLAR Y VIGILAR… Y EFECTIVAMENTE, SUCEDÍA QUE CUANDO OBSERVABA A SUS EMPLEADOS, SU ENTRENADO CEREBRO INTERPRETABA EN TALES ROSTROS, LAS SEÑALES TÍPICAS DEL LADRÓN; SUS MIRADAS FURTIVAS QUE INDICABAN ALGO QUE OCULTAR, EL TONO DE SUS CONVERSACIONES CUANDO ÉL APARECÍA, INCLUSO EL NERVIOSISMO DE SUS RESPUESTAS CUANDO AFRASIAB LES SOMETÍA A INTERROGATORIOS SUTILES Y ENCUBIERTOS.
 
LLEGÓ UN DÍA EN QUE DECIDIÓ ENCARGAR UNA SECRETA INVESTIGACIÓN DE LAS CUENTAS DE SU NEGOCIO, DE MANERA QUE SE PUSIESEN AL DESCUBIERTO LAS ANOMALÍAS QUE SOSPECHABA. TRAS TRES SEMANAS DE ESPERA, ¡OH SORPRESA! SUS EMPLEADOS ERAN ABSOLUTAMENTE INOCENTES DE SUS SOSPECHAS Y RESULTABAN TENER EL COMPORTAMIENTO MÁS EJEMPLAR Y CORRECTO QUE ÉL NUNCA HABÍA PODIDO IMAGINAR.
 
AL DÍA SIGUIENTE, AL COMENZAR EL TRABAJO OBSERVÓ QUE LOS MISMOS GESTOS QUE TODA LA VIDA HICIERAN SUS EMPLEADOS, EN ESTA OCASIÓN, NO PARECÍAN ACTITUDES DE OCULTACIÓN, Y CASUALMENTE SUS TONOS DE VOZ Y LAS MIRADAS QUE LE DIRIGÍAN, AUNQUE IGUALES QUE OTRAS OCASIONES, YA NO LE PARECÍAN TAN SOSPECHOSAS, ¡CURIOSO! TODO HABÍA CAMBIADO PENSABA: «¡QUÉ RARO! SIN EMBARGO, TODOS HACEN LO MISMO QUE ANTES».
 
EN ESE MOMENTO DE SILENCIO MEDITATIVO, SE OYÓ LA MELODÍA DE UN POETA QUE RASGANDO SU GUITARRA DECÍA:
 
EL QUE TIENE EN LA FRENTE UN MARTILLO, NO VE MAS QUE CLAVOS
Fuente: Cuentos para aprender a aprender (José María Doria)

¿Cómo puedo mejorar entonces mi realidad?

Limpiando mis “gafas de ver la vida”. Del mismo modo que el cristal se limpia con un pañito, nuestra mente se limpia con un ingrediente fundamental: el silencio. Todas las expectativas, prejuicios, valoraciones, preocupaciones etc. que influyen directamente en nuestra manera de ver la vida y las decisiones que tomamos, se diluyen si reducimos el ruido mental. Concedernos espacios diarios de meditación y silencio nos va a permitir un poquito más de libertad a la hora de interpretar las circunstancias que nos rodean y tomar decisiones sin el piloto automático del pasado y sin la anticipación a un futuro desconocido.

María Arroyo

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