Dice el doctor Karmelo Bizkarra, director de Zuhaizpe, que la rabia, la ira, es la emoción menos aceptada socialmente: la que intentamos ocultar por todos los medios, la que no está bien vista y se rechaza. Esto tiene probablemente su origen en nuestra herencia judeocristiana, en la que el “buenismo” se resalta por sobre todas las cosas, y la amenaza de la culpa y el castigo nos sobrevuela constantemente.

Cuando estudiamos las emociones desde el punto de vista psicológico, observamos que la ira está relacionada con la sensación de injusticia, expectativas no cumplidas o necesidades no cubiertas.

 

¿Alguna vez has dicho “sí” cuando realmente querías decir “no”, o viceversa? ¿Has sentido impotencia por no haber podido hacer algo que realmente deseabas? ¿Alguien se ha aprovechado de ti en alguna circunstancia?

Estas situaciones, entre otras muchas, son el caldo de cultivo perfecto para que aparezcan la rabia, la impotencia o la frustración.

Si tienes hijos/as adolescentes o eres educador/a quizás seas testigo de muchos comportamientos o expresiones que se consideran inadecuados o agresivos, y que tienen su origen en la ira. Tengamos en cuenta que en esta batalla por la identidad y la libertad (en palabras del gran médico y ensayista Rof Carballo) en la que se encuentran, sienten el entorno como una fuente constante de restricciones, imposiciones y sinsentidos. Es como si en pleno proceso de expansión se chocaran contra un muro que es la estructura social rígida, dogmática e inmóvil del mundo adulto, en la que hay pocas oportunidades para lo nuevo, lo diferente u otra visión de las cosas.

 

Wilhelm Reich, famoso psicoanalista y médico, discípulo de Freud afirmaba que en la vida nos mueve el instinto de placer, disfrute y amor EROS; en contraposición encontramos el término griego TANATOS, que se podría definir como muerte y sombras. Según Reich, si se bloquea el instinto natural EROS, aparece el impulso de destrucción de TANATOS. 

Cuando los /as adolescentes no tienen oportunidades para expresarse, explorar, elegir etc. y están expuestos a la competición constante, al tener pocas vías de escape y poca orientación sobre su proceso y cómo lidiar con él, generan internamente un gran resentimiento con los adultos y la vida en general. Es decir, si no les dejamos crear, EROS, cuando no les ofrecemos espacios para tomar decisiones, llevar a cabo sus proyectos o proponer alternativas, surge el impulso de destrucción TANATOS. Rabia, agresividad, apatía, adicciones etc.

 

Se nos plantean entonces dos cuestiones:

  • como personas adultas, ¿somos capaces de identificar aquello que nos genera rabia e impotencia y aprender a poner límites saludables y ser coherentes y honestos con nosotros y los demás?
  • como referentes y modelos para las nuevas generaciones, ¿podemos escucharles conscientemente y generar oportunidades para que proyecten de forma segura su creatividad, sus talentos y sus ideales?

 

Vamos a ver qué es lo que sucede entonces… Nos sorprendería.