El ser humano es una especie gregaria por naturaleza y un ser social. Necesita vivir en comunidad, rodearse de personas afines y construir lazos afectivos para sentirse pleno. Uno de los elementos que más influye a la hora de mantener relaciones positivas y enriquecedoras es la comunicación. “Aprender a comunicarse adecuadamente” debería ser una asignatura obligatoria en las escuelas si queremos construir en una sociedad de personas felices.

Vamos a ver algunas ideas que seguramente te ayuden a relacionarte mejor con aquellos que te rodean.

En la buena comunicación intervienen varios factores: lo que dices, cómo lo dices y lo que expresa tu cuerpo. Cuando hablamos con otras personas, nuestra posición, nuestros gestos, nuestros ojos etc. todo eso está siendo captado por ella y le está dando tanta información como las propias palabras. Una posición erguida y firme, pero suelta, una limpieza en la mirada, unos gestos sosegados, todo esto crea en nuestros interlocutores sensación de seguridad y confianza hacia el mensaje que están recibiendo.

Respecto a lo que decimos y cómo lo decimos, empecemos por hacer una lista de todo aquello que debemos evitar si queremos llevarnos bien con los demás:

  • Las imposiciones nunca son bien recibidas por la otra persona y predisponen al conflicto y el rechazo. Desde pequeñ@s experimentamos gran malestar cuando alguien nos dice lo que tenemos que hacer. Se puede sugerir, señalar una alternativa deseada, recomendar o preguntar si sería posible hacer esto o lo otro…

  • Las críticas sin valor constructivo no ayudan a mejorar ni a cambiar las cosas, al contrario. Si hacemos una crítica es recomendable especificar qué aspecto concreto del comportamiento o la actuación de la otra persona necesita una revisión, y hacerlo siempre con respeto.

  • Los consejos no requeridos pueden herir la confianza del otro y desvalorizar su propia capacidad. Tenemos que ser prudentes a la hora de expresar ciertas cosas. Igual esa persona quería compartir algo, pero no necesitaba una lección de nada.

  • Las expresiones que restan importancia a la experiencia de la otra persona: “eso no es nada”, “tampoco es para tanto”, “vaya tontería” etc. son perjudiciales para las relaciones. Hay que tener en cuenta que cada uno vive las circunstancias de una forma distinta y no sabemos cómo nos sentiríamos en su lugar.

  • Los ánimos mediante la negación: “no te pongas nervioso”, “no llores”, “no tengas miedo” etc. no funcionan. El cerebro es incapaz de procesar el adverbio no. Cada vez que inicias una frase con NO, lo que estás haciendo es precisamente evocar eso que quieres eliminar. Si te digo “no pienses en un elefante rosa”, lo primero que haces es pensar en eso.

  • Las amenazas son fuente de miedo, sumisión, resentimiento y hostilidad. Solo empeoran la situación y cierran la puerta a que se solucione el problema de forma positiva para las dos partes.

Entonces, ¿qué cosas nos ayudan a mejorar la comunicación?

Escucha activamente, ¿esto qué quiere decir? Pues que oír no es lo mismo que escuchar. Para escuchar de manera activa hay que poner todos los sentidos en lo que la otra persona nos está comunicando, empatizando con su situación y sin juicios de por medio. Escuchar no es fácil, pero si se consigue garantiza una comunicación plena y muy satisfactoria.

La sonrisa, por ejemplo. Una sonrisa auténtica estimula nuestro bienestar y comunica a los demás que somos personas cercanas, cooperadoras y en las que se puede confiar, por ello siempre conviene comenzar cualquier encuentro con una sonrisa. Puede que al principio tengamos que hacer un cierto esfuerzo para sonreír, pero poco a poco seremos capaces de hacerlo con naturalidad, siempre desde el punto de vista de la ética. Análogamente si somos capaces de provocar una sonrisa en los demás, además de mejorar su humor, conseguiremos que tengan un punto de vista más abierto y optimista hacia nuestras propuestas. Si quieres conseguir algo de alguien, empieza por sonreírle.

Las expresiones “por favor” y “gracias”. Su uso te abre la puerta de la colaboración con cualquier persona de tu entorno. Ser educado/a es gratis, muy gratificante para el que lo hace y tremendamente agradable para el que lo recibe. Además, nuestro cerebro no entiende de emociones enfrentadas y por tanto no puede estar malhumorado o triste si se siente agradecido.

El contacto ocular. Ya sabemos que “una mirada vale más que mil palabras”, en este caso para lo que a la buena comunicación se refiere, podemos utilizar la mirada para generar tranquilidad, confianza y honestidad. Estas tres cosas permiten que lo que se comparte sea de mayor calidad y el mensaje sea mejor recibido por la persona que escucha.

Una posición relajada. La comunicación no verbal es entre un 50 % y un 70 % de la comunicación total, por ello todo lo que tiene que ver con el movimiento y la posición del cuerpo influirá de manera notoria en lo que decimos. Si estás relajada/o la impresión será de confianza y ayudará a que la conversación fluya amablemente.

Como vemos la comunicación es algo esencial que tenemos que trabajar. Nadie nos enseña a comunicarnos de manera constructiva y esto influye en el tipo de relaciones que creamos. En el área de coaching de Raíces damos mucha importancia a este tema, por eso tenemos programas que te ofrecen pautas para mejorar tu comunicación tanto a nivel personal como profesional.