Muchos/as de nosotros/as hemos nacido con vocación de servicio y nos mueve diariamente el impulso de ayudar a los demás, cooperar o hacer del entorno un lugar mejor para vivir. Puede que seas docente o personal sanitario, a lo mejor trabajas para una organización de carácter social o apoyas causas a favor de personas desfavorecidas. Puede que simplemente dediques momentos de tu día a día a hacer cosas por gente de tu alrededor de manera particular. Sea cual sea tu caso, seguramente haya habido ocasiones en las que te hayas puesto en último lugar dentro de tus prioridades o te hayas planteado cómo aumentar tu capacidad de ayuda porque aún te parece insuficiente. Pues bien, en este post te contamos la clave que va a cambiar tu manera de percibir el servicio a los demás.

Según numerosos estudios de psicología, emociones como la alegría generan en las personas un comportamiento prosocial. Esto quiere decir, que alguien feliz va a estar predispuesto de manera natural a la colaboración y va a experimentar mayores dosis de empatía y sociabilidad.

Pongamos como ejemplo un curioso estudio llevado a cabo por Isen y Levin en 1972. Estos investigadores observaron cómo las personas que se encontraban una moneda en una cabina telefónica tendían a ayudar más a un extraño al que se le había caído material de una carpeta, que aquellos que no se habían encontrado nada.

 

¿Y esto por qué ocurre?

 

Según los expertos, un estado de ánimo positivo altera elementos como nuestra memoria (nos resulta más fácil acceder a recuerdos bonitos del pasado) y la percepción del entorno, por lo que somos capaces de valorar a los demás de manera distinta. Es como si nos pusiéramos de repente unas gafas a través de las cuales la vida se ve de forma optimista y amistosa. No es extraño entonces que nos sintamos más cercanos a otras personas, con más ganas de cooperar, que seamos capaces de ver en ellas sus mejores cualidades y talentos o seamos menos críticos/as de lo habitual.

Seguramente, si alguien comete un error y nuestro estado de ánimo es positivo, vamos a restarle importancia, a enfocarnos en la solución y no en el problema, o a perdonar antes a la persona que se equivocó. Es probable que pensemos que no fue intencionado, sino un accidente o despiste que le puede pasar a cualquiera. Sin embargo, si en ese momento estamos experimentando emociones como la tristeza, el enfado o el miedo, cualquier mínimo inconveniente puede hacer que reaccionemos de forma airada y nos molestemos enormemente.

Varias veces he escuchado a la psicóloga Paloma Cabadas afirmar en alguno de sus cursos que “una persona feliz es una ONG con patas”. No se podía explicar mejor. Si somos capaces de generar hábitos que aumenten nuestra sensación de felicidad y vivir plenamente los momentos de alegría, nos solo nos beneficiaremos a nivel personal, sino que contribuiremos en gran medida  a hacer de nuestro entorno un lugar mejor.

 

¿Qué sucede cuando coincidimos con personas que nos hacen sentir pequeños/as, que nos restan valor o que nos faltan al respeto?

 

Teniendo en cuenta todo lo que acabamos de explicar, bien podríamos pensar que en ese caso su estado de ánimo no es el óptimo, que dudan de su propia valía o que no se respetan a sí mismos/as como deberían. De ahí la validez expresiones “no te tomes nada personalmente” o “no eres tú, soy yo”. En general, solo las personas que han sufrido mucho son capaces de generar un gran sufrimiento en otros. Y no estamos hablando de pequeños desacuerdos, de conflictos del día a día producidos por diferentes puntos de vista o decisiones que no son compartidas; todo esto ocurre de forma natural, puesto que somos seres individuales con experiencias de vida, una educación y una genética muy variadas. Aquí hablamos de reproches constantes, mal humor, desprecio, falta de atención y cariño etc.

Nuestro consejo es que te alejes de aquellas personas que no te hacen sentir bien, puesto que no podrán hacerte feliz por mucho que te empeñes; su propia falta de felicidad se lo impide. Alguien que no se siente bien en su propia piel difícilmente podrá hacerte sentir bien a ti. Empecemos por cuidar nuestra salud emocional para poder ofrecer a los demás nuestra mejor versión.


María Arroyo