Está claro: si no ovulas, no menstruas… Pero, ¿para qué sirve menstruar?

El ciclo menstrual tiene una función obvia y que todas identificamos fácilmente que es la reproducción; sin embargo, para aquellas que ni siquiera quieran tener descendencia ¿de qué les sirve este proceso?

 

Pues, aunque no lo parezca, es algo fundamental para nuestra salud física. ¿De qué manera la menstruación puede afectar a nuestra salud?

 

Nos suele resultar difícil responder a esta pregunta, ya que cuando hablamos de la menstruación solemos identificarla únicamente con el momento del sangrado y nos olvidamos de lo que sucede durante el resto de nuestro ciclo. Hay un evento clave en torno al que giran todos los cambios que se producen en el cuerpo y que afectan a nuestra salud tanto física como emocional: la ovulación. La realidad es que si no ovulamos no estamos menstruando. De ahí que se conozca como ciclo menstrual o ciclo ovulatorio.

 

¿Por qué es la ovulación tan importante?

 

Se trata de un proceso a lo largo del cual se segregan dos hormonas imprescindibles para el ciclo menstrual: estrógenos y progesterona. Estas desempeñan un papel principal en el ciclo estimulando el crecimiento del endometrio y la relajación de los músculos uterinos (que alivia los cólicos menstruales). Pero además, ayudan a la distribución y metabolismo de la grasa corporal (están relacionadas con nuestro peso), influyen en la formación y densidad ósea, contribuyen a la regularidad en la frecuencia urinaria, inducen la producción del colesterol “bueno” y estimulan la libido (alteraciones en el nivel de estas hormonas, causan cambios en el deseo sexual). Así que os invito a estar atentas a vuestro ciclo y a verificar que estáis ovulando.

 

¿Cómo lo compruebo?

 

  • Toca tu cuello del útero: el cuello del útero o cérvix se encuentra entre la vagina y el útero, como si de una puerta de entrada se tratase. Tiene un pequeño agujero por donde se expulsa la sangre menstrual y por donde entran los espermatozoides. Si introduces tus dedos por el canal vaginal hasta el final, podrás tocarlo y sentir su textura. A lo largo de las distintas fases de nuestro ciclo, el cérvix va cambiando de posición, de textura y se abrirá o cerrará. En el momento de la ovulación, estará alto (esto quiere decir que podrás introducir tus dedos casi hasta el final, otras veces cuando los introduzcas solo llegarás hasta la mitad o incluso menos), blandito y abierto.

 

Si no ovulas, no menstruas

Fuente https://www.intimina.com/es/blog/posicion-cervix-copa-menstrual/

 

  • Fíjate en tu moco cervical: el moco cervical (que no es lo mismo que el flujo vaginal) es un tipo de secreción que se genera a la entrada de nuestro cuello del útero. Tiene la función de crear un tapón para evitar que entren los espermatozoides en el útero, o bien de generar un entorno favorable para su entrada. En el momento de la ovulación suele ser transparente y elástico favoreciendo el paso de los espermatozoides. Para observarlo, tendrás que introducir los dedos en la vagina hasta tocar el cuello del útero. Al sacarlos, podrás ver su textura y color.

 

  • Comprueba tu temperatura: cuando ovulamos el cuerpo se prepara para gestar una nueva vida y eleva la temperatura (de 0.3 a 0.5ºC) para generar un entorno más cálido.

 

También puedes sentir algunas molestias (que no dolor) en el pecho o incluso en los ovarios. Pero, no te preocupes, si estás sintiendo esto es un síntoma de bienestar físico y emocional. Puede que en algunos ciclos no se produzca la ovulación, ya sea por estrés, grandes cambios o situaciones impactantes que hayan pasado en tu vida en ese momento (sí, el equilibrio hormonal es súper sensible tanto a lo que pasa en nuestro exterior como en nuestro interior). A este tipo de ciclos, se les conoce como ciclos anovulatorios. Suelen ocurrir durante los dos primeros años posteriores a la primera menstruación, ya que las hormonas sexuales no tienen los niveles suficientes y se están desarrollando. Pero si te pasa bastante a menudo, es necesario consultar con una especialista porque, lo más probable, es que haya una causa subyacente que esté provocando este desequilibrio.

 

Con la llegada de la menopausia, nuestros niveles hormonales se alteran y pueden aparecer algunos síntomas que afectan a la salud entre los que se encuentran la pérdida de densidad ósea, problemas con el sueño o sequedad vaginal. Ya no estamos ovulando, así que necesitamos equilibrar estas hormonas a través de otras estrategias.

 

Pero esto lo dejamos para otra entrada de nuestro blog.


Marta Arroyo